Julio Alcolea y un grupo de amigos hicieron una visita a Malta y, echándole imaginación y diversión a partes iguales, el relato que nos facilita resulta una curiosa mezcla de vacaciones, turismo y aventura que merece la pena leer.
“Los tonos ocres, rojizos, cobrizos y amarillentos nos daban la bienvenida a Malta al bajar del avión. El paisaje que divisábamos desde la salida del aeropuerto era diferente al que nuestras incultas cabezas se habían imaginado. Una nube de taxistas se nos lanzaba encima, como en un mercadillo árabe, con teóricos precios especiales para llevarnos a La Valletta. A pesar de ello, optamos por la opción más económica y cogimos el autobús. Leer el resto






